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Grupo de edad
7–8 años
Idioma
Español
Detalles del libro
35 páginas
Lista de capítulos y estructura
7 capítulos
Formato
Solo texto

Contenido pensado para cada grupo de edad

Libro de muestra

La amistad de las nubes

Resumen del cuento

Dos nubes alegres que, aunque el viento las lleve en direcciones distintas, no se pierden la una a la otra y se ayudan en el cielo.

Primer capítulo gratis

Se conocen en el cielo

Algodón apareció en la cima de la montaña con la primera luz de la mañana.

Durante la noche había habido una niebla fina en el valle. Cuando el sol calentó las laderas, el aire tibio subió. Cuanto más subía, más se enfriaba. El vapor de agua que llevaba dentro se convirtió en gotitas diminutas. Las gotas se juntaron, se hincharon y se redondearon. Al final, en la cima de la montaña, había una nube blanca y regordeta.

Algodón era redonda y regordeta. Sus bordes se teñían de rosa con el sol. Dentro tenía millones de gotitas. Todas estaban apoyadas unas en otras y se mecían suavemente.

Algodón se sacudió un poquito. Un trozo se le soltó, se alejó un poco y luego volvió a pegarse. Algodón se rio. Se sacudió otra vez, y esta vez le salió un bultito por el borde derecho.

Algodón estiró el bultito, lo encogió y lo volvió a estirar. Había encontrado un juego para ella sola. Metía un borde hacia dentro y empujaba el otro hacia fuera. Cada vez se convertía en una nube un poco distinta. Pero siempre seguía siendo Algodón.

Debajo de Algodón, sobre la hierba de la ladera, había rocío. Cuando les daba el sol, las gotitas brillaban y luego desaparecían una a una. El agua se mezclaba con el aire sin que nadie la viera. Algodón sintió una parte de aquella agua dentro de sí, tibia y nueva.

Abajo, el pie de la montaña seguía en sombra. Un perro ladró. Un gallo cantó, y a lo lejos otro gallo le contestó. Entre los pinos subía un hilo de humo. Alguien había encendido el fuego.

En la ladera pastaba un rebaño de ovejas. El sonido de sus cencerros llegaba hasta arriba: din, don. Un corderito corrió detrás de su madre, tropezó y se levantó. Al verlo, Algodón sacó otro bultito, para parecerse al corderito.

Mientras recogía el bultito, Algodón vio otra nube allá arriba.

Estaba muy alta, en el trozo más azul del cielo. Era larga, finita y llena de rizos, igual que una pluma de pájaro. Su punta se echaba hacia atrás como las cerdas de un pincel.

"¡Qué fina eres!", le dijo Algodón en voz alta.

"¡Y tú qué regordeta eres!", dijo la otra nube, moviendo la punta.

Las dos se rieron. Algodón se hinchó un poco más y estiró un bultito hacia arriba. Pero no llegó hasta allí.

"¿Cómo te llamas?", preguntó.

"Pluma", dijo la nube fina. "¿Y tú?"

"Algodón."

"Algodón", repitió Pluma, despacito. "Te queda muy bien."

"¿Hace frío ahí arriba?"

"Muchísimo. Yo no estoy hecha de gotas, ¿sabes? Estoy hecha de agujitas de hielo diminutas."

Algodón se miró el borde. Sus gotas eran blandas y húmedas. En cambio, las agujitas de Pluma brillaban al sol como granos de sal. Por un momento, Algodón creyó que tenía frío, y luego volvió a reírse.

"Yo nací esta mañana", dijo. "De la niebla de ahí abajo."

"Yo nací hace tres días", dijo Pluma. "Encima del mar. Pero arriba, muy arriba."

"Tres días", dijo Algodón. Le pareció muchísimo tiempo. Ella solo tenía una mañana.

Aquella mañana se deslizaron juntas sobre la montaña, una abajo y otra arriba. Una brisa suave las empujaba despacio a las dos hacia el norte.

"Mira abajo", dijo Algodón. "Es mi pueblo."

Había tejados rojos, un depósito de agua redondo y un arroyo que hacía curvas. El arroyo brillaba al sol como un hilo fino de plata. La ventana de la casa junto al depósito estaba abierta. En ella, un niño apoyaba los brazos en el alféizar y miraba al cielo.

"¿Nos está mirando a nosotras?", dijo Pluma.

"Me está mirando a mí", dijo Algodón. "Yo estoy más cerca."

Pluma se rio. "Pero yo veo más lejos. Mira allí."

Pluma estiró su punta fina hacia el oeste. Allí, detrás de las montañas, había una línea azul. Era un poco más oscura que el cielo, y un poco más brillante.

"El mar", dijo Pluma. "Yo vengo de allí."

Algodón miró aquella línea durante un buen rato. El mar estaba más lejos que cualquier sitio donde Algodón hubiera estado nunca. Había nacido esa mañana y todavía no se había separado ni de la montaña.

"Allí vi una vez un arcoíris", dijo Pluma. "El sol estaba justo detrás de mí. Delante, otra nube hacía llover sobre el mar. De repente, dentro de la lluvia salieron colores. Un arco enorme."

"Yo nunca he visto un arcoíris."

"Ponte de espaldas al sol y mira la lluvia", dijo Pluma. "Si no, no se ve. Hasta las gaviotas miran así."

"Cuéntame cómo es el mar", dijo Algodón.

Pluma se quedó pensando. Su cuerpo largo se curvó como una ola.

"El mar nunca se está quieto", dijo. "Siempre se mueve. Encima tiene espuma blanca. Cuando le da el sol, brilla entero de golpe. Y además tiene olor. Un olor salado y fresco."

"Yo nunca he olido nada", dijo Algodón.

"Y yo nunca he visto un arroyo", dijo Pluma. "Cuéntame tú cómo es el arroyo."

Algodón miró el arroyo. "El arroyo tampoco se está quieto", dijo. "Pero tiene poca espuma. Y muchas ranas. Cuando salta por encima de las piedras, hace chip, chap."

"Chip, chap", dijo Pluma. Su voz llegaba desde muy arriba, finita, finita.

Así jugaron un rato. Pluma hizo una ola. Algodón intentó sacarse una rana de la barriga, pero la rana se pareció más bien a una patata. Pluma se rio tanto que le tembló la punta. Por debajo de ellas pasó un águila, que dibujó un círculo sin mover las alas ni una vez.

"Tú vas más rápido que yo", dijo Algodón en un momento.

"Aquí arriba el viento siempre es más rápido", dijo Pluma. "El tuyo sopla abajo y el mío arriba. No es el mismo viento. A veces ni siquiera van hacia el mismo lado."

Algodón miró los álamos de abajo. Sus hojas se movían un poquito. Luego miró la punta de Pluma, que ondeaba al viento. Era verdad: las cerdas de la punta se agitaban más deprisa.

El sol subió un poco más. Los bordes rosados de Algodón se fueron volviendo blancos poco a poco. En la ladera, sobre la hierba, apareció una mancha redonda y oscura. Era la sombra de Algodón. Era la primera vez que la veía. Movió un borde, y el borde de la sombra también se movió.

"¡Yo también tengo sombra!", dijo.

"La mía es muy pálida", dijo Pluma. "Soy fina, y el sol me atraviesa."

Algodón buscó abajo la sombra de Pluma. No la encontró. Sobre la hierba solo había una franja apenas oscurecida, casi invisible.

A medida que el sol subía, la sombra del pie de la montaña se retiró. Las puntas de los pinos salieron a la luz.

En la casa junto al depósito, el niño saludó con la mano. Luego se metió dentro. La cortina ondeó una vez y se quedó quieta.

Algodón pensó en el mar. Un olor salado y fresco. Luego pensó en el arroyo, en las piedras, en las ranas. En una sola mañana había conocido dos lugares nuevos. A uno lo había visto y al otro lo había escuchado.

Algodón intentó oler algo. Se inclinó hacia el arroyo y esperó. No le llegó ningún olor. Quizá estaba demasiado alta. Quizá el olor solo llegaba con la lluvia. Algodón no lo sabía.

Se lo preguntó a Pluma. Pluma tampoco lo sabía.

"El olor del mar llega solo", dijo nada más. "Las olas lo esparcen por el aire."

El viento era tibio. El águila también se había alejado y había bajado detrás de la montaña. En el cielo solo quedaban dos nubes.

Allá arriba, Pluma movió despacio su punta fina. Algodón también levantó un borde y luego lo bajó.

En la cima de la montaña, una cabra había dejado de masticar y miraba hacia arriba. La barba se le movía un poco con el viento. Luego la cabra volvió a inclinarse sobre la hierba.

El viento se las llevó a las dos juntas, despacito, hacia el norte.

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Qué aporta este libro

Esta muestra trabaja un único valor de desarrollo elegido para su franja de edad en siete capítulos: primero el reconocimiento, luego ejemplos concretos, una pequeña elección, un contratiempo y su reparación, y un cierre tranquilo. Todos los libros del programa siguen la misma estructura.

El plan de las siete noches

Cada capítulo es una noche y se abre a la hora de la familia; si se pierde una noche, la semana se alarga y no se pierde ningún capítulo.

  1. 1PresentaciónConocemos al protagonista y la idea de la semana.
  2. 2Otra caraLa idea muestra una cara nueva.
  3. 3ProbarEl protagonista prueba la idea a su manera.
  4. 4Dos caminosUna elección u otro punto de vista.
  5. 5Un pequeño tropiezoEl plan no sale; el coste es limitado y el capítulo termina con calma.
  6. 6RepararSe encuentra un camino; pedir ayuda también lo es.
  7. 7AsentarseLa idea de la semana encuentra su lugar.

Su lugar en el currículo

Los temas del programa de 7–8 años llegan en un orden fijo; este libro muestra cómo es una semana de ese orden. Mira la primera semana real y la secuencia en la página del programa.

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Estructura

Lista de capítulos y estructura

  1. 01

    Capítulo 1

    Gratis — leer
  2. 02

    Capítulo 2

    Se requiere acceso

  3. 03

    Capítulo 3

    Se requiere acceso

  4. 04

    Capítulo 4

    Se requiere acceso

  5. 05

    Capítulo 5

    Se requiere acceso

  6. 06

    Capítulo 6

    Se requiere acceso

  7. 07

    Capítulo 7

    Se requiere acceso

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